20-09-2006 10:09:56 - Lugares, paisajes - Leido 394 veces
Hay lugares que para existir ya no necesitan una persona que los narre, y Venecia tiene esa belleza inhabitable que no se deja poseer por nadie. Su trama urbana es sin embargo agreste: los escorzos del Gran Canal calan de humedad piedras y huesos, la geometría es curva y retoza. Los venecianos, suspirando con sus torsos mojados, huyen de su ciudad y dejan paso a quienes hacen del romanticismo una segunda mansión, un palacio a tiempo parcial desde el que postularse a noblezas fingidas, como si el puente de los suspiros guardara sólo ecos sentimentales y el dolor nunca. La ciudad resitúa el tiempo y el espacio, porque por ella no se pasea, sino que se navega hasta el mar de su catedral dorada. Desierta sería aún ella misma, con su porte orgulloso y lánguido, y su cruzarla en barca. Y si Venecia, veinte veces hermosa, se hundiera en el mar, algo de nosotros también se hundiría.













