11-09-2006 11:22:56 - Actualidad - Leido 175 veces
"Si le dejo entrar a usted, también entrará aquel, que es más pequeño y contrahecho, y aquel otro". "Pero si vengo con mi pareja", se quejó el señor bajito, "vale que tenga un tipo algo mediterráneo, no soy nada hooligan, pero no me negará glamour". El hombrón le planchó con la mirada. "Nada, nada. Usted tiene pinta de patoso y aquí sólo entran clientes sujetos a las normas: a) comer pantagruélicamente, b) revolotear en torno a una muchacha, c) estar libre de piojos; así que, enano, váyase de aquí". El hombrecillo aún lo intentó: "Hasta ahora no había tenido problema, siempre había entrado a bailar". "Ya, dijo el portero, usted lo que es, es un elíptico... Ande, lárguese ya". Y el pobre don Plutón agachó la cabeza y blasfemó por lo bajinis ("y lo llaman ciencia", a este nominalismo por higiene, cosas de astrónomos jugando a ser porteros de discoteca, maldita religión).













