11-09-2006 10:50:37 - Cine - Leido 142 veces
(Mizoguchi, 53) La primera sensación es de sorpresa: banda sonora rayana en la estridencia, imágenes con sentido del riesgo; acción anárquica y de repente pausada. Uno entra en la película como un torrente en un embudo: es Japón, asolado por las guerras. Dos campesinos con ambición, a la busca de la felicidad imposible, se separan de sus mujeres, razonables, fijadas como dulces estacas frente al huracán. Todo es peripecia: la vida, cruel y a ratos reponedora: el samurái está a un paso de la prostituta; el orfebre feliz apenas puede mantener la dicha entre sus manos. No lejos del amor, siempre la guerra con sus lanzas, la enfermedad con sus conjuros, los fantasmas que nos miran. Así los dos campesinos, dados de bruces con el éxito, decidirán si devolverse a la vida vieja, el claroscuro que se perdió como el humo y (qué final) se recuerda con un escalofrío.













