05-09-2006 22:35:57 - Artes y libros - Leido 210 veces
En 1955 tiene lugar la publicación de "Pedro Páramo". Luego, Juan Rulfo calla en términos de edición, pero quién sabe si dejó legajos enterrados bajo la arena de algún jardín. Páramo revolucionó y descuadra, así que en la lógica está que todos se preguntaran el porqué de ese silencio. Rulfo respondía siempre que había muerto su tío Celerino, que era el que le contaba las historias. El tío era un ateo inconfeso, un borracho que viajaba por las parroquias, confirmando niños allí donde los obispos no llegaban con sus ostias. Celerino le refería anécdotas al sobrino (qué difícil es imaginar a Rulfo siendo sobrino), y de ellas, dice el escritor, sacaba su fuente de inspiración, así que no es raro que cuando murió se acabaran los cuentos. Sorprende que casi ninguna de las glosas que circulan sobre la razón impostada de Rulfo se fije en su requiebro final: "Algún día contaré la historia de mi tío".













