23-07-2006 16:07:48 - Actualidad - Leido 361 veces
Las guerras generan diásporas; huídas de pobres en débiles convoyes que un gigantón aplastaría como un niño saltando sobre las filas de hormigas. Los civiles son los menos preparados, la cadena se rompe por ellos entre el fuego metálico de los autómatas. Los pilotos les abordan en sus centauros, les hostigan en las barriadas mientras los chavales corren a refugiarse de la lluvia, pulsan un botón y quizá se alegran cuando dan en el blanco. "Objetivo cumplido". En el otro lado, los cohetes matan ciegos porque llegan a ciegas; y los críos se los devuelven con firmas, buenos deseos y dibujos de flores. Las aldeas silenciosas en las fronteras esconden gentes que eliden el ruido para no atraer la mirada del tanque ciclópeo y mantener el amor a salvo en su antigua cotidianidad. Niños que juegan hasta que su cadáver amanece en la cuneta, hijos de la crueldad heredada y culpable, "el horror, el horror"...













