19-07-2006 23:36:39 - Nombres e historias - Leido 263 veces
La niña corría con el vestido desmigajándose casi por el suelo. Aquí brincaba un poco a la pata coja, hablaba sola y se enredaba las manos en el pelito no mal, sino nunca peinado. Se detuvo junto a la acera y fijó los ojos en la tierra: algo brillaba. Un reloj roto, tan viejo, alguien lo habría dejado caer como disimulando. Ella lo cogió y lo miró asombrada, porque con el solazo arribota el cristal de la esfera aún brillaba y su luz jugaba en las paredes o deslumbraba los ojos del verdulero. Entre gritos del hombre, corrió hacia el relojero del tenderete cercano, apostado con su sillín y sus destornilladores sobre una mesita con decenas de muelles y microchips. La niña le enseñó su tesoro. "Trae acá, mudita", y mientras ella miraba, el relojero masajeó el corazón del reloj, que se puso a latir tictac, muy despacito. La niña lo tomó y echó a correr hacia su mamá, en la esquina opuesta. "Mira, mami, funciona".













