20-06-2006 20:09:08 - Artes y libros - Leido 420 veces

Que la sobrina ya nonagenaria de la modelo pleiteara contra el Estado austriaco para hacerse con la obra y luego venderla a un magnate por la mayor cantidad jamás pagada por un cuadro, que Adèle fuera la esposa de un rico industrial judío, que los nazis la robaran, que la cosmética dorada de Klimt pase a manos de la cosmética carmín de los Lauder son sólo detalles, pura contingencia y vicisitud de la historia de un cuadro que no deja de ser externa al mismo. La mirada distante pero sensual de la Bauer se habrá fijado en cómo Klimt la fijaba a su vez, luego en los ojos entre enamorados y rutinarios de su marido, en las anchas manos del oficial alemán que la confiscaba, y también en las gafitas del funcionario que la enrolló para devolverla. Ahora se sentirá vejada por su venta pero a la vez segura de que su verdadero lugar en el siglo no se paga con dinero, sino con otros brillos.













