15-06-2006 20:43:07 - Nombres e historias - Leido 425 veces
Llegué hace poco al pueblo, pero ya he tenido tiempo de apreciar rutinas sencillas: el mismo viejo sentado en el mismo banco, la sintonía metálica del reloj de la iglesia y, tras la jornada en la obra, la vista en la meseta sin término. Es agradable sentarse a escuchar grillos y adivinar tencas en el lago. El concejo ha abierto alrededor una senda con espacios de fresca y humedad contra el calor. Por allí me paseaba hoy, justo antes del atardecer, cuando uno de los mozos que azuzan a los perros lucharniegos para entrenarlos en una finca cercana, ha llegado a la carrera falto de resuello. "Oye, ingeniero... Un animal, en el lago, ¡vente!", ha exclamado abrupto. Los otros chicos me hacían gestos mientras sujetaban los perros, que gruñían. He ido; los zagales me indicaron un punto. El paquidermo, en el agua, usaba la trompa para ducharse. "Efectivamente, chicos...". Aquello era un mamut.













