13-06-2006 20:10:15 - Nombres e historias - Leido 558 veces
Ciudades que presumen de honda raíz y linaje traen a la memoria alguna vieja leyenda fundacional, a veces con los límites desfigurados ya tras siglos de repetición oral, de ahí la loba de Rómulo, y el nieto de Noé en Tarragona. Cada lugar reclama su abolengo y se lustra los cimientos con realidades o mito. En Cáceres, bajo la piel del relato, los cristianos pensaron que victoria significaba fundación: un capitán fratre, sitiador, se enamora de la hija del kaid al verla junto a un riachuelo. Inician el idilio, y un día, él le pregunta cómo entrar en la plaza vigilada, y ella, ilusa, le convoca junto a un pasadizo secreto; el capitán duda pero lo notifica a los cristianos, que toman la ciudad. Al saber la cuita de su hija, el kaid la maldice y la condena a vagar errante por los adarves de la muralla convertida con sus damas en gallina, hasta que vuelva el Islam a mandar en la ciudad. El amor, víctima primera de la guerra.













