04-06-2006 23:43:57 - Artes y libros - Leido 340 veces
Como al vecino de abajo le crecían las grietas, lo denunció al consistorio. "La culpa es de la librería", recién abierta en el segundo piso, con la mirada puesta entre el palacio de Moctezuma y la plaza mayor en su trasera. "No hay duda", las grietas comenzaron a salir a causa de la acumulación de libros, toneladas de cultura imposibles de soportar por la especulación de los pilares o el ladrillo viejo. El ayuntamiento reaccionó con prontitud: hay que cumplir la normativa, decían, no es aceptable una librería en un segundo, las librerías son más bien cuestión de eternidad. El alcalde, prevenido de la amenaza de leer, sabe que la cultura agrieta las construcciones humanas y cerrará la librería. Así que los libros se irán, los apilarán en un muy secreto lugar donde no rompan ni debiliten muros, y entonces miles de palabras, condenadas a un silencio de cartoné, ya no serán pronunciadas nunca.













