31-05-2006 20:19:10 - Artes y libros - Leido 389 veces
Acaso la fugacidad, el instante total se petrifican en la imagen icónica que, salvo ilustres misóginos, cualquiera hace suya a poco que recuerde. Doisneau, para evitar pleitos millonarios, reconoció hace años que era un posado; hizo bien, alguno de nosotros podría demandarle por hacer públicos nuestros secretos sueños. Estamos dentro de "El beso": querríamos tomar con pasión entre los brazos a la chica de la panadería en ese momento tópico y sublime que detiene el tiempo; pero casi siempre somos el discreto segundo plano que pasa junto a la pareja con fingida indiferencia. Media vida soñando besos incumplidos y guardando labios para las amantes invisibles, hasta que un impúdico fotógrafo hurga tan adentro que saca los deseos frustrados de lanzarnos por ella y rasga así nuestra melancolía: besando citamos a Doisneau, Klimt, Rodin; como también, amor, ellos a nosotros.













