30-05-2006 20:52:21 - Lugares, paisajes - Leido 327 veces
El tren recorría los paisajes umbrosos de la Toscana, mientras ya casi anochecía en el duro febrero. Pisa apareció de repente, coqueta y casi sin referencias. Hube de cruzar un puente y desbocarme para llegar a una gran explanada de mármol y césped de dimensión humana, o sea, grande y pequeña. Allí, la torre inclinada de Pisa, bella por su imperfección y babel histórica de tendencias. Empezó a llover, primero, y luego una gran tromba invernal descargó granizo y nieve. Los turistas desaparecieron y sólo el kiosco paquistaní repleto de figuritas proyectaba una luz algo diferente de la iluminación anaranjada de las farolas. La torre estaba allí, con su equilibrado prodigio en perpetua amenaza de derrumbe; también el frontal de la catedral, chaparrón de arte con ruido de truenos. Hice la fotografía: cuántas veces Europa ha sido un viejo, torcido campanario bajo una gran tormenta.













