27-05-2006 13:17:04 - Nombres e historias - Leido 348 veces
"Garrido". El profesor ensambló las piezas de su cara, el puzzle de sus gritos y el meneo de las coletas de sus compañeras; su no estarse quieto, su maestría en el lanzamiento de tiza. Aquella desobediencia tan natural le turbaba un poco, nunca sabía adónde podría llegar el muchacho: a veces, aprobaba. "Este es un rebeldón", se dijo colocándose las gafas, "veamos, ave caesar, morituri". El boli rojo se desangraba con nervio: ahora un fallo técnico, más tarde un error imperdonable. Entre herida y herida, algunos mandobles propios del alumno suscrito al cuatro. El profesor había llegado al final del examen y se remangó. "Te he cazado, esta vez". El niño Garrido estaba tendido en la arena con el cabello ensortijado y la cara sucia. El público gritaba al emperador, "muerte, muerte". Él alargó el brazo y flexionó el pulgar hacia abajo. "Nos vemos en septiembre", dijo firmando el cate.













