25-05-2006 19:36:17 - Actualidad - Leido 331 veces
Sharp partió en solitario a buscar su Moby Dick a la gran montaña por la que se camina más cerca del espacio. "No os preocupéis por mí", dijo a sus allegados. Y coronó el Everest. Luego comenzó el descenso y, bajados sólo unos metros, advirtió que el oxígeno ya no le alcanzaba y se sentó casi desvanecido en la nieve, consumido por el mal de altura. A su lado pasaron diferentes equipos de expedicionarios, no menos de cuarenta compañeros tan cegados por su propia conquista que ninguno se paró para tomarle de la mano y detener su agonía (murió). Un alud de silencio lo sepultó en el reto más alto. Ojo, llena está la tierra de Sharps blancos y negros: unos se suben al cayuco en Cabo Verde, otros parece que durante la sobremesa tocan con el vientre hinchado nuestro plato lleno. La humanidad se mira en esos cuarenta montañeros: mientras truenan los aludes, nadie se da por aludido.













