24-05-2006 19:46:27 - Artes y libros - Leido 281 veces
Más allá de volcar sobre el arte enfoques sociológicos y psicologismos colectivos, hay una paradoja evidente y anecdótica: es la inmensa mayoría quien ocasiona el disfrute de la inmensa minoría frente al arte. La magdalena más famosa de la historia, aquella que Proust sumergió en tila y que le trajo de pronto los aromas de su pasado, tuvo también un autor desconocido, un pastelero que proporcionó a la humanidad un párrafo tan involuntario como histórico, gracias a una masa justa, un sabor esponjoso que no cambia con el tiempo. Proust recordó calles hechas con el esfuerzo de manos desconocidas como los bohemios que obviaban los ejércitos de explotados que al caer la noche volvían a las alcantarillas, pero alguien ejecutó en la calle el art déco. Albañiles, esclavos de la pirámide, editores del pentagrama que enjaula la sinfonía: magdalenas tan olvidadas como inolvidables.













