22-05-2006 00:17:57 - Nombres e historias - Leido 290 veces
María se atusó un poco el pelo y se miró en un espejo que sacó del bolso. Luego extendió el brazo y dirigió el pulgar hacia delante hasta que un coche paró. Ella subió, "¡Qué ventolera, qué noche!", dijo con una sonrisa que le partía la cara en dos. El hombre casi ni respondió, "hace malo, sí...¿dónde te llevo?". La conclusión era la de siempre: algunos a un motel, otros al primer descampado donde descargar sin mirones. Éste iba de ingenuo, pensó María, así que se lo trabajaría con cobas. ¿No te dio miedo cogerme? La carretera está llena de peligros, uno nunca sabe quién sube al coche, mira esa leyenda de la autoestopista que sube al coche y se volatiliza al llegar a la curva donde murió. El hombre ahora casi la auscultó, curioso e indisimulado. "No, no puede ser que tu ya hubieras fallecido, porque entonces...". "Claro, sólo bromeaba", dijo María. "No, no lo entiendes. De ser tú ella, yo te conocería".













