19-05-2006 21:11:01 - Lugares, paisajes - Leido 484 veces
Hay ciudades levantadas mirando más a las ilustraciones de libros infantiles que a los manuales de arquitectura. Lo demuestran sus torreones puntiagudos diseñados por algún niño jugando con la arena, sus puentes irregulares cruzando el río, también el lago de agua finísima donde se mira la montaña y alguna vieja princesa que no podía dormir sobre el guisante. En Lucerna, los días nublados no evitan la luz de las rocas redondas memoria de su ya desaparecido glaciar, ni el preciso marchar de los relojes sobre la muralla y del agua cayendo de las esculturas de las fuentes. Cada casa decora el paseo y todos los ruidos son agradables, aunque con un deje triste que se hace grande a medida que uno llega al jardín donde agoniza para siempre el León de Lucerna, petrificado en el último suspiro. Fue esculpido para homenaje de la guardia suiza, pero yo sé que salió de un cuento.













