18-05-2006 20:52:38 - Artes y libros - Leido 419 veces
Los héroes que mejor descansan, aquellos que nunca envejecen son los construídos ladrillo a ladrillo durante la infancia nuestra o la suya propia. Recordamos a quien muere siendo Peter Pan como los yanquis a la Monroe o casi nadie la negra expresión griposa de Egon Schiele y la guerrera de Macke. En nuestro dominio mítico los iconos se visten de sexo o de heroísmo, y se emperifollan de relato hasta el punto de engrosar con nitidez dudosa las bibliotecas de nuestro imaginario, tanto más borrosas cuanto más se nos alejan de lo actual y de la madurez. Pero allí está la casa de Vania el forzudo, comiendo pipas sobre el tejado mientras contempla durante siete años su propia dimensión y cómo nosotros fuimos a menos; luego, purificado, sale por el zar y la aventura, mientras, de niño, uno creía que aquel tipo era tan real que aún me mira y pregunta por qué ya no le creo (y me equivocaba).













