09-05-2006 20:13:58 - Actualidad - Leido 310 veces
El hombre, alemán, empuña el cuchillo con determinación y asesta varias puñaladas hasta remover las entrañas de Bernd, que ha viajado a sus fauces justo para dejarse devorar. Antes le ha cortado el pene, lo ha cocinado en una sartén y se lo han comido juntos, como le pidió su víctima. Y después, lo mata y lo descuartiza. Entierra las partes menos aprovechables en el jardín; las otras, las más "sabrosas", las congela quiero pensar que con rutina, como quien congela un trozo de cordero para zampárselo mañana. Así discurren los senderos de estos inframundos: unos profanan tumbas del cementerio y preparan sopa con los huesos de un cadáver, otros hacen cachos a su amante y en mitad del frenesí sexual, se lo vendimian. Son más sutiles y modernos que la tribu que come por ardor guerrero o hambre, pero igualmente incapaces de sobreponerse al truculento estigma de lo ritual.













