08-05-2006 20:11:29 - Objetos y conceptos - Leido 507 veces
El joven, somalí, empuña el cuchillo con determinación y asesta siete puñaladas hasta remover las entrañas del reo, que cae inerte al suelo gritando "No hay más Dios que Alá". Dos forofos del público no resisten la crudeza del cuadro (esto no puede ser real), y de la impresión caen en coma, fallecen al rato. "Él apuñaló a mi padre siete veces, y yo le he apuñalado siete veces; me siento vengado", dijo Mohamed; aquí, nos desayunamos con las fotografías sanguinolentas del periódico cayendo como mermelada. La sharía parte en dos a Sudán, Nigeria, y a nosotros nos parte en siete. Antes, cuando estas cosas no pasaban de jaleo local, nuestra inopia alentaba un alegre tolerar, el se arreglarán ellos. Pero basta: matando asesinos, crean otros, y así. Taliones que sellan nuestro decaer aquiescente será cuanto no sea acabar con esta ley tan mala, insoportable. Tan enemiga del hombre.













