27-04-2006 23:23:03 - Nombres e historias - Leido 469 veces
El asno de Jean Buridán tenía tanta hambre y tanta sed, que cuando su dueño le puso un haz de avena a un lado del establo y una cuba de agua en el otro extremo, no supo decidirse. Por un lado, se sentía seco y débil a causa de la deshidratación, y por otro se sentía ansioso y débil a causa del hambre. Así que se echó en el centro de su hogar y se puso a pensar medio en delirio, consumido por la fiebre, sobre qué lugar visitar primero. Soñó casi poseído con un paraíso del asno, lleno de preciosas equinas y kilos de avena, y perdió la consciencia, y ni escuchó a su dueño decir a su criado: "Qué gran paradoja; se muere porque no sabía elegir entre la comida o la bebida" (luego, salió corriendo para contárselo a sus amigotes los filósofos). Y el pobre burrito se fue en paz libre al fin de la fiebre. Se había quedado sin fuerzas; demasiadas semanas con anemia infecciosa equina, de sello mortal.













