24-04-2006 22:11:29 - Objetos y conceptos - Leido 301 veces
Ambos, una caracola y mi documento nacional de identidad, tienen un aire de familia, unos rasgos inequívocos de la estirpe pitagórica. A su modo, las caracolas y el DNI vienen a decirnos no sólo cosas sobre nuestra esencia, sino también sobre constantes: el carné me da un nombre y el permiso para formar parte del tinglado oficial y de la historia, y la caracola ilustra los lenguajes que no entiendo, el pasaporte para lo desconocido y las cosas que se escapan de la estadística. Mi carné y la caracola comparten abuela con el Partenón y la gran pirámide de Keops: la proporción áurea que usaron Leonardo y Dalí, pero también el Ministerio del Interior y Phillip Morris para diseñar sus cajetillas de tabaco. Y las tarjetas de crédito y la sede de la ONU. El número de oro nos acompañó siempre, preciso como una larga nota de triángulo, con su matemática pentagonal a la caza del hombre perfecto.













