20-04-2006 22:27:48 - Objetos y conceptos - Leido 417 veces
La estatua de siete metros que China acaba de erigir en Tíbet como homenaje a Mao es cosa nada ajena a cualquier cultura, por mucho que esta vez se levante a posteriori y tenga poco que ver con más o menos fundadas maniobras propagandísticas. Sea por desviación estadística o por caprichos de la cultura alimenticia, la historia se rió de nosotros muchas veces, trazando una relación inversa entre la altura del dictador y los galones de su megalomanía. Querían tenerse el mínimo César, el corto Franco, el achaparrado Napoleón tan altos como nunca habían sido en la épica escultura y en el más delicado retrato. Una masa de apenas unas libras, difícil de ver para el miope, marcaba el paso marcial y tomaba decisiones de tanta consecuencia como la guerra de los enanos Hitler y Mussolini y otros. Pequeños totalitarios y malhumorados, bajitos de Liliput, todos matando.













