17-03-2006 22:11:03 - Artes y libros - Leido 309 veces
No es cierto que el arte esté obligado a descubrir sólo en lo grande. También en la escena cotidiana y la más enquistada doblez de los despertadores puede descansar el átomo de nuestras interrogaciones. Buenas obras nos giran perplejos hacia nuestra vida y costumbre para extraerlas de sí mismas y llevarlas hacia conclusiones luminosas, brotadas como flores de ese extrañamiento. Pero lo que comenzó como una poderosa sugerencia para nuevos límites, se ha convertido en un lugar común a base de frecuentar tanta cotidianeidad. La valentía merma cuando se convierte en fórmula: la fórmula de tanta película que busca deleitarnos en la filigrana, reconocernos como humanos ante tal o cual experiencia de la calle. Por no arriesgarse nadie a descarrilar en lo pretencioso, el arte cae en la prisión de los microscopios. Y ven parásitos de elefante sin percatarse del elefante.













