20-01-2006 19:46:16 - Actualidad - Leido 405 veces
Cubrió kilómetros de piel humana, irradió muerte sin distinción de raza ni clase; la bomba atómica es peor que un genocidio, porque asesina sin que nadie quede vivo para que le remuerda la conciencia. En la imagen, la bomba asciende como un elegante hongo pintado por algún dibujante de cómic, pero el ángel exterminador no fue onomatopéyico; fue tan real que aún se conserva (y alaba) el útero materno en un museo. Había el hombre vuelto a desatar una Babel, querría broncearse con uranio; pero el arma era más para asustar que para usarla, como hacen los granjeros de Kansas con sus rifles hasta que se presenta el caco y lo cosen a balazos. Y, como el caco iraní quiere comprarse uno, los selectos miembros del club atómico alertan con modales parisinos del peligro de que Irán se parezca a ellos. Crecerán los rifles como hongos en el rancho; luego se extrañarán de tanto asesinato.













