19-01-2006 20:36:43 - Lugares, paisajes - Leido 775 veces
Cayó el muro y con él el siglo para dejarnos solos y casi felices, huérfanos de odio y ricos en espejismo. Pasear por Berlín es quererse alguien: durante años cuantos mandatarios hubo se miraban allí. Era la frontera más clara, la encrucijada más peligrosa e impredecible. Lo llamaban "Checkpoint Charlie" y las cruces testifican que muchos cayeron antes de saltar. Ahora, es más bien un zoco kitsch repleto de pequeñas referencias: la garita del vigilante entre sacos de arena, la leyenda "You are leaving the american sector" bajo el póster aséptico de un imberbe soldado ruso. Los posmodernos han cambiado viejos dramas por tiendas de souvenirs, y Berlín se quiere como fue en su ruina y en su reconstrucción: las bulliciosas avenidas de su parte oeste, sus grandes plazas silenciosas en el este y las huellas fósiles de sus banderas: la mancha nazi, la soviet sobre el Reichstag, la liberal triunfante.













