17-01-2006 20:23:52 - Artes y libros - Leido 483 veces
Los libros recogen las palabras como el mar las gotas de lluvia. Apenas nos cala una gota, pero el mar no deja sitio a la sequía; por eso los regímenes totalitarios, tan interesados en aislar a los ciudadanos unos de otros, trataron de quemar los libros: querían pasar del incendio a la sequía, desde Shi Huangdi a los nazis. Una palabra suelta tiene más poder que un arma, porque gritar "fuego" lanza las balas del pelotón de fusilamiento. En "Dune", el protagonista elegido une a su arma láser un grito sostenido para desintegrar una roca, como pasa con una rutina menos efectista en la panadería y en el autobús: si me dicen "abre la ventana", yo la abro; "ven", y el perro corre. Las palabras empujan una inmensa, casi cósmica fuerza sobre lo vivo. Quien sabe encadenarlas a los libros les da la eternidad del mar, y se vuelve poderoso a su manera de tinta, porque la palabra "hace".













