08-01-2006 19:30:38 - Objetos y conceptos - Leido 485 veces
Apareció mi exlibris entre el ensortijamiento de unas cajas de mudanza y lo froté para quitarle restos de tinta vieja, porque las firmas deben ser legibles. Pensé que el exlibris cumple una etapa en el compromiso ritual que adquiere el lector con un libro. Es, vaya, como una instantánea que certifica ante notario el posado de creador, obra, lector. Para dejar una huella de nuestro paso por el libro, lo sellamos burocráticamente apasionados, como hacían los chamanes de Altamira tras consagrar el bóvido, los raperos del suburbio tras bailar junto a la pared (burócratas de iglesia y de la calle). Botes de spray y plumas estilográficas, rojos zapatos de tacón para ilustrar nuestras parafilias del sexo pero también del arte, de la paginación: son exlibris elementales como los de pegar el chicle bajo la mesa, cortar las lenguas del dragón de siete cabezas, doblar la esquina de la página antes de cerrar el libro.













