06-01-2006 20:43:36 - Actualidad - Leido 409 veces
La tierra de Palestina está acostumbrada a la megalomanía y la exageración; allí se vive todo con intensidad, porque cualquier interlocutor da a su opinión un hálito sagrado hasta para comprar chucherías. Ahora agoniza un hombre y tiembla el desierto desde Beirut al Sinaí, a pesar de que nadie es dueño del futuro ni será capaz de atar su nombre al destino. Sharon se irá como lo hizo Arafat, vendrá otro y la serpiente continuará mordiéndose la cola con la obstinación de quien odia la cara contraria de sí mismo. Unos y otros con la alta política de instintos bajos: como dos siameses que se dieran cabezazos, paseando la bandera de dios sobre alfombras de miles de años de levantamientos, diásporas, ejecuciones sumarísimas. Para seguir con la historia milenaria, cada vez que un halcón cae las gentes de Palestina se encierran en casa, porque los pollitos saben a quién se comerán primero.













