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"Sólo amanece el día para el que estamos despiertos" (Thoreau)

05-01-2006 00:05:25 - Objetos y conceptos - Leido 467 veces
Tenemos todos algo grabado a fuego con escrupulosidad, como los amantes que dejan su corazón en el árbol. Pasado un tiempo, volvemos a ese instante congelado para seguirnos reconociendo en los hitos que dejamos atrás. Yo recuerdo una tarde entre la niebla, subido a la montaña en ese disparate de acuarelas que es el Palacio da Pena. Desde sus ventanales puede verse el mar; pero no aquel día de septiembre, porque la niebla se hizo con el espacio a su manera interminable. En aquel farallón, yo casi sentí la soledad del marino en su barco, el ritmo de mi respiración. Lo que me hacía único era eso, mi frontera: me delimitaba la niebla y más allá de mí no sé qué había. De bruces frente a la nada, comprendí que a lo sublime le sobra academia y le falta luz, como a esa silueta del cuadro de Friedrich que parece esperar que nos introduzcamos en ella para sentir lo que ella siente.
Comentarios
Jose dijo hace 2 años y 30 meses:
Yo recuerdo una tarde contigo en una montaña tambien, habia tormentas y oscurecian todo, iban comiendose la tierra a nuestro alrededor, aunque no nos mojamos. Recuerdo que entramos en comunión con la tormenta. También recuerdo que según llegaste a casa cambiaste el nick del Msn como forma de expresar la emoción que habías sentido, ( bendito nacimiento de los blogs, cuanto espacio para expresarse libremente ) cambiaste a "cazadores de tormentas", estabas feliz.
Deberías mirarte las sensaciones que tienes con los lugares altos y los fenómenos meteorológicos, quizás en otra vida fuiste alpinista. :P
Javi Gala dijo hace 2 años y 30 meses:
A mi el Palacio da Pena siempre me ha parecido a lo Disney, parece irreal, casi de cartón piedra, salido de un parque temático.
Fhinn Siete Sables dijo hace 2 años y 30 meses:
Es curioso, cuando uno mira hacia el infinito, ya sea un mar de niebla desde un castillo, o una linea dibujando en el confin del mar la frontera que supone no poder llegar más lejos con los ojos, acaba descubriendo que se está mirando a si mismo, como el cuadro que menciona y muestra usted en el que, el punto de vista es el del espía o complice que está a un paso de esa cuspide, y tal y como usted lo relata, da la sensación de que el que mira, es "la mirada", como personaje, nuestros ojos nos espian ;), la mirada regresa y el viaje es hacia un océano, amenudo también desconocido, que nos pertenece. A usted, según leo, su mirada le dibujó al mismo tiempo su frontera y su libertad, por eso decía que era curioso, comulgaron, por lo que parece, la sensación de tener a su abasto un sinfín de cosas por descubrir, y la de saber que aún abarcandolas con la mirada no podría recogerlas todas, y es aún mas curioso (por lo menos a mi me lo parece), el hecho de que si extrapolamos y aceptamos como cierto lo que he comentado, resulte que quizá usted se encuentre en ese punto del que mira, observando al que quiere ser (que es la figura), un personaje que disfruta desde la cuspide lo sublime, como lo llama, me apena pensar que entonces usted piensa que el paso que le queda por dar en esa dirección se ha visto entorpecido por el "academicismo", pero afortunadamente ha dejado una puerta a la que ha llamado "luz", el clásico de razón contra corazón ¿verdad?, "la soledad del navengate" ha dicho, que es la soledad de estar siempre acompañado de uno mismo. Voy a para porque tienen que ser doce bocados, pero el tema da para mucho.

Un saludo,

Fhinn Siete Sables

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Agúndez dijo hace 2 años y 30 meses:
La respuesta es sí a todo. Las tormentas son parecidas a la niebla: como somos hijos del clima, podemos buscarnos en él (haciendo alpinismo o buceando ;)) Un día que me vea místico otra vez, les dedicaré un comentario. A la búsqueda de lo sublime, uno se encuentra a sí mismo en esos momentos únicos. No tiene por qué ser una montaña, puede ser un río e incluso un vertedero. Halle cada cual su camino en eso.
Respecto al cuadro de Friedrich, he de reconocer que desde aquel momento ha sido uno de mis favoritos. Es muy interesante la paradoja que se produce entonces: yo miro al caminante desde fuera, pero al mismo tiempo me proyecto a su interior. Realidad y deseo, en su juego de contrarios.
En cuanto a la referencia al academicismo: bien, quería resaltar que muchas veces (no siempre, claro) el estudio, al contrario de lo que se piensa, nos aleja del arte porque tendemos a caer en el tecnicismo y la anécdota en lugar de centrarnos en la sensación y la percepción. Me refiero a que muchos pasean por los museos leyendo nombres de artistas e historias de composición. Y olvidan la existencia de ese museo como espacio de contemplación y abstracción. Eso pasa con la pintura no figurativa cuando uno trata de interiorizarla con esquemas de Tiziano.
El concepto de "lo sublime" está en miles de obras sobre el período moderno, pero cómo comulgar con él, eso está muy poco explicado. Un saludo.
Javi Gala dijo hace 2 años y 30 meses:
En mis clases de Estética (sí, hice la libre elección a caballo entre Bellas Artes y Filosofía...) lo sublime sólo era aplicable al romanticismo, y la mayor parte de las veces al romanticismo pintoresco. "Caminante ante el mar de niebla" junto a "Vesubio" suelen ser ejemplos de sublimes.
Javi Gala dijo hace 2 años y 30 meses:
Con lo cual, habida cuenta que fue la academia la que me indícó lo que es sublime, por descontado que le faltará luz.
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