11-12-2005 19:21:05 - Cine - Leido 389 veces
En el cine, cuando el tiempo narrativo genera una dislexia respecto a la realidad, se nos acumula la tensión en el cogote, y desde la butaca hay que reconstruirlo todo como un puzzle. Memento, por ejemplo, proporcionaba piezas, pero el mecano de "Exótica" (Egoyan, 1994) es distinto: basta con sumar al normal discurrir de la acción una historia que grita desde el ayer y confluye con las andaduras de los solitarios en torno al club Exótica, donde la noche se vuelve perra y los hombres locos por una bailarina vestida de escolar. El particular animador de la fiesta se pregunta por qué una colegiala tiene esa especial inocencia. Y se pregunta también por qué aquel hombre tan gris la contrata a diario para bailar su hechizo nada inocente junto a él. Desconoce que más que un burdel, Exótica es un vuelo sinuoso y oscuro, descubridor de los más hondos pliegues de la conciencia.













