10-12-2005 19:40:02 - Lugares, paisajes - Leido 475 veces
Es fácil amar Alfama, porque es un zoco dormido que nos dispara a la imaginación de su pasado; y, en estas, de repente sale uno a la urbe mundana, ya lejos del fado pero tan cerca. Allá, en medio del estuario del Tajo -lo llaman el Mar de Paja: reverbera bajo la luz del sol como un campo de trigo- cruza el puente de abril, ortodoncia para coser bien la ciudad, ilustrando el beso que da la península al Atlántico. Portugal nos cuenta sus historias: los marineros que regresaban tras años de viaje colonial y el rey que nunca regresó, al que espera todavía Pessoa sentado en el café. Lisboa azul en azulejo, amarilla en su empedrado y por la noche ginginha. Desde el castillo en tranvía, soberano del orbe y los tejados rojos, entre los restos del terremoto, uno comprende qué sucede cuando junta sus ojos con los de la ciudad: se convierte en ella, Lisboa mirando al mar.













