09-12-2005 19:24:58 - Artes y libros - Leido 725 veces
La tarea de los seguidores de Hari Seldon en la novela "Fundación", de Isaac Asimov, es parecida a la de los monasterios, Diderot y sus enciclopedistas o los modernos wikipedas: compilar los saberes para trazar un completo mapa del conocimiento. Sin embargo, la guía podría más asemejarse a aquel cuento de Borges en el que los hombres diseñaban un plano tan detallado que extendido ocupaba tanta superficie como el mundo real que trataba de resumir. El conocimiento es un laberinto de puertas que conducen a más puertas; señala nuestro límite porque es una herramienta de supervivencia que se nutre de averiguación y olvido. Hay progreso porque somos mortales, y los mortales saben lo justo. El día que los hombres no tengan límite, como en ese otro relato borgiano, no necesitarán hablar: serán inmortales y se lo habrán dicho ya todo. Pero entonces ya no serán hombres, sino otra cosa.













