04-12-2005 19:26:42 - Lugares, paisajes - Leido 389 veces
Nueva York del siglo XIII, Samarcanda fue el centro del comercio y parada obligatoria de la Ruta de la Seda. Hoy languidece en Uzbekistán porque la URSS la dejó escaparse, pero siglos antes inspiró a exploradores y su sola mención convertía los ojos en monedas. El cruel déspota Tamerlán la llenó de oropeles - tantas veces la muerte y la belleza de la mano -, hasta el punto de generar una loca leyenda de tesoros escondidos. Brillaban sus cúpulas de cebolla y sus minaretes modelaban musulmanas luces en la mirada sedienta del espejismo. Desiertos persas, Samarcanda junto a Bujara cabalgando veloces en el Asia Central. Pero los zocos, los poetas, los viajeros, forman parte de recuerdos vivos ya sólo en las ciudades viejas que se relamen de memoria: crónicas de mármoles y oro un día gloriosas y aún monumentales, ahora sólo charcos de piedra en los que la humanidad se mira.













