30-11-2005 18:01:06 - Actualidad - Leido 298 veces
Se llamará María, Adela, Pilar. De Elche. La encontrarán tendida sobre la cama, con el abdomen deshilachado a machetazos. Fue una infidelidad, una imaginada mirada furtiva, un filete poco hecho. Envolverán su cuerpo en unos plásticos futuristas, para que no la toque más el aire después de tanto daño. A él lo verán lloroso, incrédulo, sentado en el suelo con la espalda apoyada en el colchón. Si pasó el efecto del alcohol o de la furia, importa poco ya. Cuando la policía le empuje para entrar en el coche, se preguntará qué pensarán los contertulios que le oían decir en el bar eso de "no soporto que nadie toque a una mujer". No acertará a plantearse cómo cambió todo tanto desde aquel día en que la 59 salió de blanco bajo la lluvia de arroz. Quién cocinará ahora que la estadística traspasó la línea roja de su intimidad; y sus hijos, ¿irán a verle, lo enterrarán junto a ella cuando muera?













