17-11-2005 00:27:55 - Actualidad - Leido 211 veces
Los EEUU y sus adláteres decidieron invadir Iraq con el convencimiento moral (y falso) de que el régimen de Sadam amenazaba a la humanidad con sus armas de destrucción masiva. Allá fueron los mejores ejércitos, y la guerra fue rápida, así que parecía que al menos las gentes civiles soportarían corto (aunque cruel) asedio. Quizá algún soldado (ingenuo) pensó que luchaba por la libertad. No es verdad. Ahora descubrimos asombrados que muchas cosas quedaron enterradas en las alfombras del desierto. Afloran decenas de torturados de los sótanos de los Ministerios iraquíes, y conocemos que aquellos ejércitos defensores de nuestro amado sistema emplearon fósforo blanco, arma capaz de asar la piel en un radio de 150 metros. Armas de destrucción masiva para sustentar flojos principios. ¿Es esta la ejemplar democracia que Occidente pretende -pretendemos- exportar?













