09-11-2005 22:26:43 - Actualidad - Leido 260 veces
Les llamó "racailles", el ministro que ha insultado a sus propios ciudadanos. O sea, "escoria". Y un joven le respondió ayer: "Ahora sí nos comportamos como escoria". Lo que ocurre en Francia es un reguero de dinamita frente a la sordera del poder, un enorme incendio que viste de naranja la geografía de los desheredados. No son inmigrantes, son franceses de tercera hacinados en sus particulares guettos de exclusión, paro y crimen. Ilustran bien que hay un cuarto mundo, desamparado en sociedades con mayorías medias de población que tienen las necesidades bien cubiertas, mientras una porción silenciosa accede a los peores trabajos, a los últimos trozos del pastel. Casi siempre en silencio, menos ahora. Su grito es también inapropiado, porque lo pagará la gente, pero Francia debe tomar nota del fracaso.













